El amanecer sobre la costa del Mediterráneo era un espectáculo de tonos dorados y azules. Las olas golpeaban suavemente contra la orilla, mientras una brisa fresca acariciaba las terrazas de la villa donde Isadora Morel, habia llegado para recojer la evidencia de su herencia. A pesar de la calma exterior, su interior hervía con una determinación inquebrantable.
Gabriel estaba junto a ella en la amplia mesa de trabajo, donde montones de carpetas, discos duros y fotografías se amontonaban como p