El amanecer en Bruselas parecía hecho a medida para Isadora y Gabriel. Los días posteriores a su reencuentro se sucedieron con una calma casi irreal, como si el universo hubiera decidido regalarles un respiro prolongado, lejos de planes, traiciones y peligros.
Gabriel había decidido quedarse algunos días más, sin necesidad de explicaciones. Su presencia era silenciosa pero reconfortante. No invadía, no imponía. Solo estaba allí, con su mirada firme y sus gestos cuidadosos. Isadora, por su part