La lluvia caía con suavidad sobre los ventanales del apartamento alquilado por el Círculo I en el barrio de Ixelles, uno de los más tranquilos de Bruselas. El día posterior a su discurso, Isadora se despertó con el sonido acompasado del agua golpeando el vidrio, como si el cielo también necesitara llorar lo que había pasado.
Se sentó en la cama, con el cabello suelto y una manta ligera cubriéndole los hombros. No había sueño de gloria en su mirada. Solo cansancio. El tipo de agotamiento que ll