Los rumores del pabellón S corrían como viento infectado entre los muros de Santa Lucía.
Era conocido como “El Subsuelo”.
Un bloque aislado bajo tierra, sin ventanas, sin acceso al patio, sin derecho a visitas, ni horario de recreación. Las internas que eran enviadas allí no tenían nombre, solo número. El silencio era la única orden, y los castigos, tan brutales como invisibles.
Allí, las reglas se borraban. El Estado se olvidaba. Y el dolor… era moneda de cambio.
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—Estás segura qu