Las redes ardían.
Los comentarios se dividían entre la indignación y la incredulidad. Algunos veían a Isadora Morel como una mártir atrapada en una maquinaria corrupta. Otros, como una manipuladora peligrosa. Pero todos hablaban de ella.
Y eso era lo que Amara no podía tolerar.
Ella, la reina de la apariencia, la hija perfecta de una familia “intachable”, la esposa frustrada que fingía ser amiga de la mujer a la que destruyó, no iba a permitir que su nombre se manchara por una carta escri