La noche caía silenciosa sobre el bosque. Dentro de la pequeña cabaña, los ancianos dormían profundamente, y los diplomáticos de Liria descansaban tras el largo día de recorridos y ceremonias. La luz del hogar se consumía poco a poco, dejando solo el crujir de la leña.
Isadora, recostada en una manta sencilla, miraba el techo de madera con una paz nueva. Se sentía ligera, como si el peso de años de sufrimiento hubiese cedido para dar lugar a una calma diferente. A su lado, Gabriel permanecía d