Gedeón conducía a toda velocidad hacia su residencia, iba reflexionando sobre lo ocurrido desde la llegada de Aradne a su vida. Al llegar, uno de sus guerreros se le acercó y le entregó una bolsa.
—¡Alfa! Horus trajo este paquete.
Gedeón tomó la bolsa y, sin inmutarse, se dirigió a su habitación. Abrió la puerta sin tocar y vio una figura menuda frente a la ventana. Sin perder tiempo, menciono.
—Aquí te traje ropa para que te cambies. Todo lo que traías lo mandé a quemar.
Ella se inquietó al esc