Los días pasaron rápidamente, y la mansión Vasíliev se convirtió en el epicentro de una actividad frenética, la tensión flotaba en el aire, pero Mila mostraba una determinación inquebrantable.
Mientras Mila se reunía con informantes y trazaba estrategias, Mikhail la respaldaba en cada paso. Se movían entre sombras, coordinando cada movimiento con precisión sin que ella se diera cuenta.
Y antes de entrar a una reunión todos juntos, con los italianos, Mila les dijo a los hombres señalándolos:
—No