CAPÍTULO 42 — Soy invitada especial.
Anastasia.
Les había dicho a mis padres que Irina pasearía conmigo en un día libre que tenía y que incluso se quedaría unos días en mi casa ficticia. Pero ahora que ella iba sentada en el auto, rumbo a centro de Moscú conmigo, solo sonreí sabiendo que sería toda una sorpresa para ella, que mañana la llevara para la inauguración del edificio, que tenía su propio nombre.
—¿Cuál es la sorpresa?
—No sería sorpresa, si te dijera… —ella alzó los hombros torciendo su boca en su gesto más conocido.
—¿