Anastasia.
Habíamos pasado todo el día en la suite, pero a la mañana siguiente supe que de cierta forma debía retribuir mi desconfianza en Alexey.
Me levanté muy temprano y preparé un desayuno, y cuando abrí la puerta de la habitación, Alex estaba restregándose los ojos.
—Buenos días para ti… —saludé con la bandeja en las manos, y él me ofreció una sonrisa.
—¿Y esto?
—Es mi forma de disculparme… —dejé la bandeja en una mesa, y luego sentí cómo él atrapó mi cintura.
—No necesitas hacer nada de