Entonces, la mirada seria y furiosa de Mikhail cambió drásticamente. Su boca se torció un poco y Mila supo que iba a golpear demasiado fuerte.
—Pues… ¿Qué Crees Mila Vasíliev? Tuviste que recurrir a una persona como yo para poder solventar tus problemas…
Mila abrió la boca.
—¿Mis problemas?
—Si… tus problemas, que son graves, déjame decirte… —ella arrugó el ceño.
—No sé de lo que hablas… y deberíamos ir a un hospital, Mikhail, tu hombro no deja de sangrar.
—Tienes problemas jodidos… —él siguió