Mundo ficciónIniciar sesiónLucía Solís había pasado tres semanas en coma en hospital de pescadores en Túnez sin saber si Diego o Valentina seguían vivos.
El olor a sal y desinfectante barato se había convertido en su mundo. La habitación era apenas un cuarto con paredes encaladas y una ventana que daba al puerto, donde las redes se secaban al sol como telarañas gigantes. Pero había algo más: el sonido constante de voces preocupadas, manos gent







