Mundo ficciónIniciar sesiónEl hotel olía a madera húmeda, sal marina y segundas oportunidades que ninguno de los dos sabía cómo merecer.
Valentina Solís cruzó el umbral de la entrada principal con la maleta de ruedas rotas arrastrándose sobre el piso de talavera descascarada, produciendo el sonido irregular de algo que ha sobrevivido demasiados viajes sin que nadie se moleste en repararlo. Detrás de ella, Diego Valentín Cortés entró con







