Mundo de ficçãoIniciar sessãoDiego Cortés sabía construir imperios. Lo que no sabía era cómo construir una mañana ordinaria con alguien que lo conocía demasiado bien.
Los planos estaban extendidos sobre la mesa de hierro forjado de la terraza cuando el primer hilo de luz empezó a dividir el horizonte marino en dos tonos de azul imposible. Las cinco de la mañana en Punta Azul tenían una textura distinta a las cinco de la mañana en Santa Fe: all&a







