Mundo ficciónIniciar sesiónCuando dos monstruos deciden colaborar, el infierno no se divide: se multiplica exponencialmente.
El almacén abandonado de Detroit olía a óxido, gasolina derramada y promesas rotas. Las vigas de acero se alzaban como costillas de una bestia muerta, mientras la luz filtrada por ventanas sucias proyectaba sombras danzantes sobre el concreto agrietado. Diego mantenía a Valentina pegada a su espalda, su respiración controlada pero tensa, mientras observab







