Zahar…
El reloj resonó en toda la habitación a la misma hora de todos los días, y abrí mis ojos en el acto.
Eran las cinco de la mañana.
Me levanté haciendo una coleta en mi cabello y luego me puse las mayas para ir al primer piso donde estaba el gimnasio que solía frecuentar.
Demoré unas dos horas y me esforcé más que todos los días en hacer mi rutina para terminar dándome un largo baño y salir nuevamente a llevar mi currículo con mi nombre falso.
Ana Hamilton.
Siempre me sonaba chistoso, pero