Las cámaras se pagaron y toda la familia bajó los hombros ante una tensión que no era nada ligera. Kereem se levantó con cuidado, aun teniendo un dolor en la cabeza, y luego caminó hacia delante para salir con Asad.
—Señor, su primo Emré viene en camino… —eso definitivamente lo detuvo.
—¿Ahora mismo? —Asad asintió.
—En cinco minutos me muestra su ubicación que estará aquí.
Kereem sintió un fuerte calor en su cara y siguió el camino.
La puesta del sol estaba terminando y se detuvo de nuevo para