Kereem observó el cielo gris mientras ajustaba sus gafas negras. Ya tenía había pasado una hora de tener solo la brisa sobre su rostro y cuerpo con pequeñas gotas, mientras un “Imán” que era el líder religioso, seguía dando su discurso.
Los cuerpos envueltos en mantos, según la tradición y ritual, ya estaban depositados debajo de la tierra, pero aún faltaba el proceso de colocar las piedras sobre ellos como lo acostumbraba su religión.
—Señor… hay un montón de civiles afuera. Han traído flores