Kereem.
Miré el suelo mientras el agua se deslizaba a mis pies. Había tenido que venir a la regadera, o sencillamente iba a explotar de todas las formas.
Pegué mi frente a la loza y cerré los ojos cuando todos los conflictos se arremolinaron en mi cabeza, generando el caos que sabía es lo que tenía en la vida.
Y la vi a ella, la vi mirándome con esos ojos devastadores, con esa boca sugerente, y sus movimientos sobre mí.
«Kereem…»
Podía recordar. Esta incontinencia me tenía enfermo, sediento, co