La agitación de su propia respiración incluso pudo palparla. Por un momento todo se volvió demasiado denso y sintió que el peso en sus hombros era demasiado.
—Señor… debemos salir, ahora…
Kereem asintió mirando hacia el pasillo, y en vez de seguir a Asad se devolvió a la sala de urgencia.
—¡Emir! —Asad gritó, pero Kereem entró rápidamente a cuidados intensivos, y quitó todos los cables que tenía Zahar, y golpeó sus rostros con palmadas.
—Debes levantarte, es hora de irnos… —en el momento Zahar