Sanem observó a Naim en el acto, y algo se transformó en ella. Aquellos ojos que lloraban, ahora se volvieron ardientes por saciar su dolor, y porque otro también sufriera con ella.
Esta vez ella dio el paso hacia él, tomó de su vaso todo lo que pudo y puso su aire encima de su rostro, hasta que ninguno supo quién besó al otro ni inició la situación.
Sus labios se encontraron en un beso cargado de urgencia y anhelo. Fue como si un fuego se encendiera dentro de ellos, consumiendo cualquier barre