Zahar…
El silencio dentro del auto era denso. Ni siquiera la música de fondo lograba aliviar la presión que sentía en el pecho. Miraba el GPS cada dos minutos mientras el paisaje urbano se transformaba en zonas más tranquilas. Algo no estaba bien. Sentía esa molestia punzante en la nuca, y mi pierna titilaba.
—Tranquilízate, puede que solo quiera hablar contigo.
—Eso espero. ¿Puedes ir más rápido?
—¿Quieres que choquemos?
—Podemos intercambiar, y yo manejaré —Víctor sonrió y negó.
—Eres imposibl