Zahar se removió en la cama, y trató de parpadear de forma lenta.
Pero cuando ella abrió los ojos y vio la luz entre las persianas, se levantó de golpe.
Miró hacia todas partes, entendiendo que no estaba en su habitación, y mirando la hora en su reloj de muñeca, sintió que el pulso se le aceleró.
Eran las ocho de la mañana. Algo que nunca sucedía en ella.
Se metió en una ducha de forma urgente y cerró sus ojos recordando la noche anterior.
“¿Te gusta así?”.
Podía recordar los sonidos. Los beso