Emré observó a Kereem con una intensidad que rara vez mostraba. La noche envolvía el palacio en un manto de quietud, pero entre los dos hermanos, una corriente de tensión subyacente comenzaba a aflorar.
Y Kereem sabía perfectamente de qué quería hablar, y esperaba que Emré no lo sacase de su paciencia.
—Adelante… —Kereem lo instó y Emré se giró para llenar otro vaso de un John Walker, una de las bebidas favoritas de Kereem, y se la ofreció.
—Creo que, al igual que todos, estoy impactado con esa