Kereem…
No sé cuánto tiempo tenía aquí sentado viéndola dormir. Tal vez un par de horas, o muchas, pero no podía perderme los detalles.
Me excitaba solo ver las marcas de mis manos en su piel, el saber que, a pesar de todo, solo mis manos la tocaban, y la poseían. El saber que abarcaba todos sus pensamientos, y que solo mirarla la encendía, hacía que mi parte más inconsciente, más retorcida, se alimentara de una forma abismal y sin límite.
Pasé un trago cuando pasé la mano por mi rostro y luego