HERIDAS PERFECTAS. CAPÍTULO 51. Un juicio de divorcio
HERIDAS PERFECTAS. CAPÍTULO 51. Un juicio de divorcio
—¡Como un demonio, tarado! ¡¿Por qué no lo dijiste antes?! ¡¿De dónde voy a sacar chocolates a esta hor…!? —Mikhail le hizo un gesto como si lo estuviera ahorcando por telepatía y corrió fuera del cuarto.
El ruido seco de la máquina expendedora resonaba en el pasillo del hospital dos minutos después mientras Mikhail le golpeaba el costado y refunfuñaba al ver esa bandeja vacía que no entregaba los chocolates que tanto necesitaba. Sus dedos