CAPÍTULO 32. El depredador perfecto
CAPÍTULO 32. El depredador perfecto
Grayson solo la vio retroceder, tratando de tomar a la pequeña de sus brazos a pesar de que, evidentemente, ni siquiera tenía fuerzas para cargarla.
—No... No, no, no, no —exclamó Serena con expresión asustada—. ¡No, yo no me puedo quedar aquí! ¡Nosotras no podemos quedarnos aquí!
—Serena, este es el sitio más seguro que hay ahora mismo para las dos —la reconvino él—. Podría llevarte a un hotel o alquilar un departamento para ustedes, pero si la prensa está t