Leo se recordó por centésima vez por qué estaba con Susan.
Estaba embarazada. Iba a tener a su hijo y quería un árbol de Navidad en casa. Por eso estaba allí ese día. No para divertirse, sino porque era tan fácil perderse en su compañía, y tenía que admitir que disfrutaba muchísimo paseando por la ciudad con ella, comprando árboles, hablando de dónde comer, probablemente pareciendo ante el mundo una pareja de enamorados felices. Se sentía más cómodo con Susan de lo que debería, y le gustaba más