—Quiero tomarte así, Suzy. Como un semental cubriendo a una yegua. ¿Te gustaría?
Cerró los ojos y dejó caer la barbilla sobre el pecho mientras respiraba hondo por la nariz, buscando consuelo.
—Sí —susurró.
Le temblaban las rodillas, a punto de ceder. Apoyó las palmas de las manos en la cama para no caerse. Se sentía extremadamente vulnerable en esa posición. No tenía defensa. Él podía tomarla como quisiera, hacer lo que quisiera, y ella no podía hacer nada.
De nuevo, su mano acarició sus nalga