La llegada de Canela a la ciudad fue un choque cultural y emocional absoluto. El apartamento de la tía Elena estaba ubicado en un tercer piso de un edificio antiguo en un barrio residencial de clase media alta, rodeado de grandes avenidas, edificios de oficinas y un tráfico incesante que no se detenía ni un segundo. Para una joven acostumbrada al silencio del campo y al ritmo pausado del pueblo, el ruido de las bocinas, el murmullo constante de las multitudes y la velocidad con la que se movía