Él camina hacia el lateral de la habitación, coge un balde con agua en el cual sobresale humo, deduzco que está hirviendo. Sin más preámbulo se la echa encima produciendo en la estancia puros gemidos de dolor, pedazos de piel caen en el suelo, las heridas se profundizan a medida que el vapor se incorpora con el tacto.
Pego un chillido cuando el Boss se posiciona detrás de mí y me hace mirar obligadamente la escenas tan horrenda y traumante. Me coge con fuerza por el mentón para ver firmemente.