Capítulo 72

Fue entonces que el hotel se alborotó. El hall se transformó en una intensa vocinglería y corrieron asustadas y presurosas las azafatas a la puerta. -¿Un temblor?-, pregunté sorprendida por el intenso griterío,

-En Londres no hay temblores-, estaba Gina demasiado irónica conmigo.

Me alcé a ver y era ni más ni menos que Ruth Evand. Había llegado al hotel. Cientos de periodistas la rodeaban, le tomaban fotos, le hacían videos, la ametrallaban a preguntas. Con Gina nos acercamos a escucharla, a
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