Capítulo 28. Fingir.
Me niego a levantar la mirada del suelo. Me niego a hacerlo rotundamente porque sé que si lo hago alguien descubrirá lo que trato de ocultar. Las personas me observan porque es extraño que alguien lleve gafas de sol dentro de una oficina, sin embargo, nada me impedirá continuar con la tarea de ocultar mi rostro.
Las puertas del ascensor se abren y camino rápidamente hasta mi oficina sin detenerme a saludar a quien sea que se encontraba en el salón sentado, ya que solamente observé sus zapatos.