El motor rugía como una bestia herida. Gianni apretaba el volante con tanta fuerza que el cuero crujía bajo sus nudillos blancos.
Las imágenes se sucedían en su mente con la velocidad de una ametralladora: la cabeza de Natasha Grenova, grotescamente preservada en el hielo, en la elegante caja enviada a Corlys. El rostro de Ivanka, sonriendo con una inocencia que ahora le parecía una burla cruel. La fotografía. Y, sobre todo, la pregunta que martillaba su cráneo:
«¿Qué m****a está tramando Viktor