Quien había entrado, era uno de los hombres de Angélica, cargaba una mesa plegable y una bolsa deportiva. Francisco se quedó inmóvil para no llamar la atención, cerro los ojos como si eso le fuese a servirle de algo, pero aquel hombre que había entrado, acomodo lo que llevaba en las manos ignorando el cuerpo atado de Francisco. Al poner la mesa sobre el suelo y armarla, Francisco supo que se trataba de un material metálico no muy resistente, pero no entendía que estaba pasando.
El hombre que r