Francisco comenzó abrir los ojos, se sentía cansado y apaleado, la cabeza no dejaba de punzarle y es que el golpe que le habían proporcionado había sido demasiado duro, tanto que le había abierto una pequeña herida en la cabeza que le ardía, pero la cual no podía alcanzar con sus manos, ya que estas se encontraban atadas.
—¿D-donde...?—logro decir, pero su voz apenas era un hilo inaudible. Se quedó en silencio por unos segundos mientras trataba de recordar que había sucedió, luego de unos segun