El Muro de la Prisión y el Nuevo Aliado
El eco de la sentencia resonó en la plaza, un grito ahogado de impotencia que congeló el aire. Los guardias reales, con sus armaduras relucientes y sus rostros impasibles, se abalanzaron sobre mí, sus manos como garras de hierro. Conan intentó resistirse, su rabia incontrolable, pero fue inmovilizado por la fuerza de los soldados. El último destello que vi en sus ojos fue una promesa silenciosa, una promesa de que no me abandonaría. La gente del barrio, co