—Ah. Pensé que no te importaba la hora en absoluto —murmuro, mordiéndome el labio al darme cuenta de que lo dije en voz alta.
—¿Qué dijiste? —Andréi me frunce el ceño—. Si quieres trabajar hasta la medianoche, hazlo tú misma.
—¡N-no! Ya me voy a casa. ¡Nada! —Maldita sea, incluso si está bromeando… trabajar hasta la medianoche no es divertido. Tomo mi bolso justo después de guardar los documentos en el cajón—. ¿Vamos?
Andréi me deja liderar el camino. Esperamos en el ascensor en silencio. Aunqu