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—Por cierto, especialmente te tomas tu tiempo para arreglarte hoy, eh. ¿Qué está pasando? ¿Te reconciliaste con Andréi?

Miro fijamente a mi hermano, que se apresura a apartar la mirada.

—Siempre hago todo lo posible para lucir presentable cuando trabajo. No tiene nada que ver con Andréi ni con nadie.

—Si eso es lo que dices. Entonces, ¿Vienes a casa a cenar?

Asiento con la cabeza y tomo mi bolso, comprobando si tengo todo dentro.

—Sí. ¿A dónde esperas que vaya después del trabajo? Mira, no iré
Alejandra Soto

—¡Uf!— Me quejo cuando accidentalmente dibujo una línea usando el lápiz en mi mano mientras reviso los detalles en un documento que Andréi me dijo que memorizara. También tengo que tomar notas sobre los detalles más importantes, así que estoy escribiendo en una hoja separada. Aunque después de escribir notas durante varias horas, mi mano empieza a adormecerse. Ya ni siquiera podía sentir el lápiz que sostenía. —¿Aún no has terminado? Ahí viene el jefe malvado. He estado suspirando en silencio todo el día. Menos mal que Martín tuvo la brillante idea de preparar algo rico para cenar esta noche. Tengo tanto trabajo que hasta me salté el almuerzo. Todo gracias a mi querido jefe, que no paró de darme tareas. Me encargaría hasta lo más trivial si pudiera. Si fuera un poco más descarado, probablemente me pediría que lo acompañe al baño cuando tenga que orinar. Para colmo, terminé

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