Me abrocho el cinturón de seguridad mientras reviso el retrovisor, y justo entonces, escucho un golpe en la ventana. Es Andréi. ¿Qué quiere ahora? Bajo el vidrio, y su ceño fruncido me da una mala espina.
—Tomemos una copa en tu bar favorito, Camila. Tengo ganas de beber esta noche —dice, con su tono calmado pero insistente.
Suspiro, ya sintiéndome exasperada. —Te lo dije, tengo planes para esta noche. Llama a otra persona para que te acompañe. O mejor, ve solo. ¿Qué tiene de malo beber sin com