Ella es astuta. Su sonrisa perfecta y su tono dulce solo disimulan su intención. De repente, una parte irracional de mí quiere abofetearle la cara hasta que combine con el color de su lápiz labial. ¡Nunca traté de seducir a Andréi! Sí, le confesé mis sentimientos, pero eso no significa que lo esté persiguiendo como ella insinúa.
—No sé si tienes amigos, señorita Ford —le digo con una sonrisa cargada de sarcasmo—. En caso de que no tengas, déjame explicarte algo: los amigos suelen hablar sobre c