Siento que el auto se mueve, y la sensación me arrulla como si estuviera siendo balanceada suavemente para dormir.
"Basta de preocupaciones por ahora", pienso. El dolor de cabeza comienza a disiparse cuando me relajo junto a Dylan. Estar a su lado se siente como el lugar más seguro del mundo.
—Quiero tomar una siesta. ¿Puedes tomar mi mano? —le pido, extendiendo mi mano antes de recostarme en el asiento.
—¿Qué tal esto? —pregunta Dylan cuando me acomoda para que pueda apoyarme en él.
—Adelante,