—Silencio... —Dylan pone su dedo en mis labios mientras se aparta ligeramente del abrazo—. No arruiné el momento, tú lo hiciste —dice, riéndose suavemente mientras acomoda mi cabello detrás de mis orejas—. Ahí tienes. No tienes que estar estresada por nada. No te dejaré, deberías saberlo.
—¿Porque me amas? —pregunto, apenas en un susurro, temiendo la respuesta.
Dylan inclina la cabeza hacia un lado, con una sonrisa juguetona. —Hmm. Además, no tengo adónde ir. Por eso te pedí que vinieras conmig