Dylan me mira aturdido, sus ojos reflejan un sinfín de pensamientos. Uf, parece que mi novio tiene demasiadas preocupaciones en mente.
—Dylan, hagamos esto —digo, colocando una mano en su hombro y empujándolo hacia abajo con cuidado.
—¡Ah! —se estremece cuando mi mano roza su muslo.
—¡Lo siento! Seré más cuidadosa, lo prometo. Vamos, déjame ayudarte. Te bajaré primero para limpiarte el sudor, y luego te cambiaré la ropa... ¿Dylan?
Mi voz sale débil, casi como un susurro. No fue mi intención, pe