—Jefe, llegamos. — Paso por el estacionamiento frente a un restaurante de lujo. Ahora que lo veo, es de Caleb. — ¡Es Do'ciele! — susurro con alegría. Puede que hayamos venido por negocios, pero la comida aquí es demasiado buena para ser verdad.
Andréi vuelve la cabeza hacia mí con una mirada confusa.
— ¿Has estado aquí antes? — pregunta, desabrochándose el cinturón de seguridad.
Asiento con la cabeza, miro por la ventana para encontrar un lugar vacío para aparcar el coche.
—Sí. Su comida es muy