“Rafael”
Hana era demasiado hermosa para esconderse detrás de esas ropas horribles que su mamá le compraba, y si de mí dependía, nunca más volvería a ocultarse. Después de la pequeña limpieza que hicimos, le di espacio para que se arreglara como quisiera, aunque estaba seguro de que se pondría un vestidito corto; vi algunos muy lindos en su clóset y estaba ansioso por verla usar cada uno.
Pero su atrevimiento me sorprendió de nuevo: otra vez estaba sin calzoncitos, y solo podía pensar en lo mu