“Alessandro”
—Ana Carolina, ¿estás en casa? —pregunto tan pronto como esa insoportable contesta el teléfono. —Quiero llevarte a dar un paseo.
Casi quedo sordo con el grito que esa criatura abominable suelta. Claro que ella quedó más que feliz con la idea de salir conmigo. Sabiendo esto, aproveché para poner mi plan en práctica. Ya estaba en la puerta de su casa y la llevaría a un “paseo” sin decirle a dónde y la llevaría al hospital; si se negaba, llamaría al abogado y él la presionaría, pero