—Buenos días, Catarina. ¿Todo bien?—Mariana entró a la oficina sonriente y me saludó dejando su bolso a un lado antes de mirarme.
—Buenos días, Sra. Mariana. Estoy bien ¿y usted?—Estaba de pie separando unos documentos y cuando me giré la vi con la misma expresión de Meli y la vendedora en la tienda. Llevaba puesto mi vestido nuevo, mis zapatos nuevos y esa lencería indecente que Meli me compró.
—Catarina Vergara, ¡pareces sacada de una revista! Niña, estás hermosísima con ese vestido.
—Gracias,