Constanza
—Tienes que calmarte —me dice Cillian mientras Damon busca mi ropa en el armario.
Aunque me sienta tan angustiada, no puedo evitar pensar en cuánto me encanta que parte de mi ropa siga aquí y en el mismo orden de siempre. Eso quiere decir que no ha dejado de pensar en mí ni un solo instante.
—No te preocupes, esto no se quedará así —me asegura mi esposo al acercarse con la ropa—. Déjame vestirte, estás nerviosa.
—Tengo que irme —susurro, temblorosa—. Dios mío, no quiero ni pensar en