Constanza
Al despertar, lo primero que veo es el rostro que más adoro admirar en todo el mundo. Por un instante, una sonrisa boba se dibuja en mis labios y creo que todo está bien, que lo ocurrido ha sido solo una pesadilla.
—Mi amor, Damon —musito, acariciándole el rostro—. Te amo.
—Te amo más, pequeña —declara con alivio—. Sufriste un desmayo, preciosa. La presión te bajó por susto y la discusión, pero todo está bien. Nuestro hijo…
—¡Nuestro hijo! —jadeo, recordándolo todo de repente—. Mi hijo